Trastornos de la Conducta Alimentaria Los trastornos de la conducta alimentaria en general, constituyen un tema bastante divulgado, más o menos profundamente, en los medios de comunicación y las revistas científicas dedican, también, algunas páginas a este trastorno. Los media, especialmente la televisión, juegan un papel significativo en lo social y cultural que puede afectar la prevalencia e incidencia de los trastornos de la alimentación como la bulimia y la anorexia nerviosa. El sexo masculino y la clase social media son factores que parecen estar asociados con una desfavorable evolución en los trastornos de la conducta alimentaria. La edad de inicio tiene sus controversias, para algunos investigadores no hay diferencia entre los géneros, otros afirman que los hombres desarrollan trastornos de la conducta alimentaria más tardíamente que las mujeres, entre 18 y 26 años. Algunos grupos de hombres presentan más posibilidades de presentar un trastorno de la conducta alimentaria; se destacan aquellas cuyas profesiones están más ligadas a una preocupación exagerada de la imagen corporal o del peso como modelos, gimnastas, jockeys, corredores, fisiculturistas, nadadores. Los pacientes con trastornos alimentarios poseen mayor incidencia de trastornos afectivos que la población general, con una mayor prevalencia de depresión mayor, tanto en la anorexia nerviosa como en la bulimia nerviosa. La mayoría de los estudios en este tópico se ha focalizado en la concomitancia entre las patologías alimentarias y la depresión unipolar y el trastorno bipolar, en particular, bipolar II, más habitual en pacientes bulímicas que presentan un tipo crónico y severo de problema alimentario. La incidencia de una alteración afectiva entre anorécticas oscila entre 52% y 98%, siendo la depresión el trastorno más común; en las pacientes bulímicas estas cifras fluctúan entre 52% y 83% y para depresión mayor entre 38% y 63%. La ocurrencia de trastorno afectivo bipolar II entre las anorécticas se ha encontrado desde 9,7%, en un seguimiento a 10 años, hasta 56% en pacientes hospitalizadas con desórdenes alimentarios severamente enfermas. Por otra parte, se ha identificado un elevado rango de trastornos depresivos en familiares de pacientes con anorexia nerviosa y bulimia nerviosa. El trastorno bipolar suele hallarse en familiares de pacientes con anorexia purgativa y bulimia. Existe un número de factores de riesgos asociados con los trastornos de la alimentación en general, estos incluyen: 1. Nueve de diez afectados son de sexo femenino (con un rango estimado de 2 a 7 millones de mujeres comparados con unos 100 mil a 1 millón de hombres, en Estados Unidos) 2. En el 90 % de los casos, la edad de inicio se sitúa entre 15-30 años de edad 3. La mayoría de los individuos con anorexia son de raza caucásica, con educación colegial, mujeres de una clase social media o alta 4. La mayor parte de los individuos provienen de familias intactas y completas 5. El factor de dieta parece ser el precursor para el desarrollo de la enfermedad 6. La mayoría posee una distorsionada imagen corporal 7. Depresión es frecuentemente observada 8. Los desordenes de personalidad son comunes con características pasivo-agresiva, borderline o histriónicas observadas 9. Influencia de factores socioculturales conduciendo esta conducta con el énfasis en la delgadez en las mujeres y la muscularidad y delgadez en los hombres 10. Es común en el sexo masculino la asexualidad y la homosexualidad 11. El alcohol y otras drogas de abuso son prevalentes En adición a la conducta anoréxica de no permitir el mantenimiento de un peso mínimo normal corporal. El DSM-IV: Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Psíquicos, reporta, un temor a ganar peso, y una distorsión de la percepción de la figura corporal. En cuanto a la comorbilidad, en el sexo masculino frecuentemente estos trastornos están asociados a otros trastornos psiquiátricos, como depresión, abuso de alcohol y drogas.
La enfermedad más común entre los adolescentes relacionada a los trastornos de la alimentación es la Anorexia Nerviosa La palabra anorexia (del vocablo griego anorektous) se ha conocido desde siempre como sinónimo de falta de apetito, aunque posteriormente se ha demostrado que en la enfermedad conocida como anorexia nerviosa no existe dicha carestía, sino que es una negación a comer con el único objetivo de no engordar. Por tanto, se trata de un trastorno socio-psico-biológico de creciente trascendencia sanitaria, cuyo estudio reviste un indudable valor formativo. Se considera que del 5 al 10 % del número total de pacientes con anorexia nerviosa son pertenecientes al sexo masculino. Estos desordenes alimentarios no son diagnosticados en el hombre debido a que se asume que es un desorden femenino. Una característica clínica utilizada para el diagnóstico de anorexia en mujeres es la amenorrea pero no existe un criterio análogo para el hombre, pero el disturbio endocrino encontrado es una declinación general en los niveles de producción de testosterona lo cual resulta en la disminución del deseo sexual, este es un sesgo de genero que se presenta en el DSM-IV, tal clasificación requiere para el diagnóstico de anorexia, tres meses de amenorrea en mujeres, sin que haya un requerimiento análogo en hombres, el CID-10 aminora este problema al requerir, un trastorno endocrino generalizado que envuelva el eje hipotálamo-hipofiso-gonadal, manifestado en amenorrea en el sexo femenino y en el hombre como perdida de interés o de potencia sexual. Existe una importante prevalencia e incidencia en los países industrializados, desarrollados y accidentalizados, en una franca progresión que ha sido etiquetada por algunos investigadores como epidémica, a esto se suma la aparición en países del tercer mundo, como el nuestro, de esta patología en mujeres y más recientemente en el sexo masculino. En relación a las complicaciones médicas los pacientes masculinos sufre más rápidamente de problemas circulatorios relacionados a la deshidratación, además de presentar mayor perdida ósea comparados con el genero femenino.